Mes de la Familia - Tema 4: El gran sueño para todos


Tema 4: El gran sueño para todos

Todos necesitan la salvación de Dios, y esta redención llega a todos los hombres a través de la misericordia divina revelada en el rostro del Hijo. «Es por esto – dice el Papa Francisco - que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes» (Misericordiae vultus 3).

Esta invitación está dirigida principalmente a la Iglesia, porque es sobre todo ella quien «tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona.

Este anuncio vale para todos y todas, para cada uno en su situación y condición personal y única. ¡Nadie, absolutamente nadie está excluido de la misericordia de Dios! Incluso para aquellos que por diversas razones permanecen en un estado que no se ajusta al ideal evangélico, los brazos del Padre misericordioso están siempre abiertos. Por lo tanto, también «a las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que “no están excomulgadas” y no son tratadas como tales, porque siempre integran la comunión eclesial» (Al 243).

¡Atención! Aquí la doctrina cristiana sobre el don de la indisolubilidad del sacramento del matrimonio no se pone absolutamente en duda. La Iglesia sabe muy bien que «toda ruptura del vínculo matrimonial va contra la voluntad de Dios» (Al 291), ya que la indisolubilidad matrimonial es «fruto, signo y exigencia del amor absolutamente fiel que Dios tiene al hombre y que el Señor Jesús vive hacia su Iglesia» (Familiaris consortio 20).

El mismo cuidado y atención ha de ser prodigado a todas las situaciones familiares conflictivas. «Iluminada por la mirada de Jesucristo, “mira con amor a quienes participan en su vida de modo incompleto, reconociendo que la gracia de Dios también obra en sus vidas, dándoles la valentía para hacer el bien, para hacerse cargo con amor el uno del otro y estar al servicio de la comunidad en la que viven y trabajan”» (Al 291). Nadie podrá jamás medir los límites de la obra de la gracia divina, porque siempre actúa, donde sea y más allá de la imaginación humana.

Además, aquellos que viven en la gracia del sacramento del matrimonio también tienen una responsabilidad más grande en lo que respecta a las situaciones de crisis conyugales y familiares si es verdad que el sacramento del matrimonio, como el del orden, es para la misión y la edificación de la Iglesia.

La indisolubilidad es, por lo tanto, un gran don para toda la Iglesia porque comunica a todos el amor eterno y fiel de Dios en Cristo Jesús.

Fuente:
Conferencia Episcopal de Costa Rica - Comisión Nacional de la Pastoral Familiar, Instrumentos Mes de la Familia 2018 (extracto de las páginas 30 a 34).