Mes de la Familia - Tema 3: El gran sueño de Dios


Tema 3: El gran sueño de Dios

El Papa Francisco afirma con determinación: «Cada niño que se forma dentro de su madre es un proyecto eterno del Padre Dios y de su amor eterno: “Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré” (Jr 1,5).

Cada niño está en el corazón de Dios desde siempre, y en el momento en que es concebido se cumple el sueño eterno del Creador. Pensemos cuánto vale ese embrión desde el instante en que es concebido. Hay que mirarlo con esos ojos de amor del Padre, que mira más allá de toda apariencia» (Al 168). No sólo Jesús, como Hijo de Dios, está llamado a ocuparse de las cosas de su Padre, sino que cada hijo, ya que nunca es propiedad de sus padres, pertenece al Padre Celestial.

El Padre, desde siempre, tiene para cada uno de sus hijos un sueño tan grande y sorprendente que supera con creces la imaginación y las expectativas de los padres terrenales. La pregunta fundamental, por lo tanto, es la siguiente: ¿Cuál es el sueño de Dios para todo hombre? ¿Qué es lo que sueña para que realmente cada uno de sus hijos pueda hacer que su vida sea grande y extraordinaria?

Con asombrosa prontitud y profundidad, San Juan Pablo II responde a esta pregunta: «El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente» (Redemptor hominis 10).

Dios no tiene ningún sueño de amor abstracto o idílico para cada uno de nosotros. En el Hijo, en Aquel que, ante el asombro de José y María, responde que Él ha de ocuparse de las cosas de su Padre, se nos revela el camino verdadero y concreto del amor. Y el amor tiene su propio lenguaje específico, su expresión original, su propia manera de hacerse carne. ¿Cuál? ¡El nupcial!

Por eso el Papa Benedicto XVI afirma que sólo «el matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano» (Deus caritas est 11).

Fuente:
Conferencia Episcopal de Costa Rica - Comisión Nacional de la Pastoral Familiar, Instrumentos Mes de la Familia 2018 (extracto de las páginas 22 y 23).