Mes de la Familia - Tema 2: Las familias a la luz de la Palabra de Dios


Tema 2: Las familias a la luz de la Palabra de Dios

El pasaje bíblico de “Jesús perdido y hallado en el Templo” nos hace tomar conciencia inmediatamente de la profundidad religiosa de la Sagrada Fami-lia de Nazaret. Como leemos en el Evangelio de Lucas, cada año, precisa-mente para la fiesta de la Pascua, José y María con Jesús van juntos al tem-plo de Jerusalén para llevar a cabo su acto de fe.

Estamos ante una familia en la que todos los miembros, padre, madre e hijo, juntos emprenden un largo camino, con todas las penalidades y aconte-cimientos imprevistos del tiempo (hasta el punto de que en el camino de regreso Jesús se llega a perder), para celebrar su acto de acción de gracias pascual a Dios por la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto.

La Sagrada Familia de Nazaret, al hacer memoria del amor salvador de Dios, lo hace vivo y activo en su presente con vistas a un futuro en el que la fidelidad divina dará plenitud y cumplimiento a Su promesa. La peregrina-ción no es sólo un simple acto devocional y religioso que forma parte de las tradiciones del propio pueblo.

Ciertamente no es nuevo el ver a familias enteras, con todos sus miembros, participando en fiestas religiosas que atraen la atención de comunidades enteras, como la fiesta del Santo Patrono o los eventos religiosos que carac-terizan a algunas culturas en su vivencia de los tiempos fuertes del año litúr-gico, especialmente la Navidad, Semana Santa y Pascua.

El lugar original en el que se transmite la narración de la experiencia de la Palabra divina es precisamente la familia, como afirma el mismo Papa Francisco: «La Biblia considera también a la familia como la sede de la cate-quesis de los hijos. Eso brilla en la descripción de la celebración pascual (cf. Ex 12,26-27; Dt 6,20-25), y luego fue explicitado en la haggadah judía, o sea, en la narración dialógica que acompaña el rito de la cena pascual.

Más aún, un Salmo exalta el anuncio familiar de la fe: “Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, no lo ocultaremos a sus hijos, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su po-der, las maravillas que realizó. Porque él estableció una norma para Jacob, dio una ley a Israel: él mandó a nuestros padres que lo enseñaran a sus hijos, para que lo supiera la generación siguiente, y los hijos que nacieran después. Que surjan y lo cuenten a sus hijos” (Sal 78,3-6).

Por lo tanto, la familia es el lugar donde los padres se convierten en los pri-meros maestros de la fe para sus hijos. Es una tarea artesanal, de persona a persona: “Cuando el día de mañana tu hijo te pregunte [...] le responde-rás…” (Ex13,14) » (Al 16).

Fuente:
Conferencia Episcopal de Costa Rica - Comisión Nacional de la Pastoral Familiar, Instrumentos Mes de la Familia 2018 (extracto de las páginas 14, 15, 16 y 17).