Reflexión Dominical del 7 de agosto de 2016: También ustedes estén preparados


LA PALABRA DE DIOS
Evangelio de san Lucas 12, 13-21

TAMBIÉN USTEDES ESTÉN PREPARADOS

El evangelio de hoy viene muy bien siempre, pero de forma especial, en estos tiempos que vivimos.

Seguir a Jesús nunca ha sido un camino de rosas, pero hoy es más complicado ante el bombardeo constante de hábitos lúdicos y de que cada vez estamos más alejados, y, según nuestras necesidades, nos acordamos de Él. Para seguirlo lo único que necesitamos es la fe, antorcha que ilumina nuestro camino diario. En el tendremos momentos oscuros y otros que no lo estarán tanto.

Jesús, nos anima a no tener miedo, Él siempre está ahí, seamos conscientes de ello o no. Hoy no nos preocupamos por prepararnos para el día final, no me refiero al final del mundo, si no al nuestro, porque todos somos finitos y no sabemos cuándo nos tocará.

Pero, si somos buenos cristianos debemos estar alertas, despiertos, vigilantes. No poner nuestro valor en el dinero, que aunque hace falta para poder vivir dignamente no es lo más importante, para nosotros lo más importante debe ser el seguimiento de Jesús, tener nuestros brazos abiertos, saber mirar y tener un corazón acogedor.

Los medios de comunicación nos bombardean con los antivalores del Reino de Dios, apropiación indebida del dinero de todos, explotación, mentiras y un sinfín de motivos que nos hacen caer en la desesperanza y mirarnos sólo a nosotros mismos. Eso para el cristiano es estar alejado, estar dormido, no estar preparado.

El verdadero cristiano es aquel que trabaja por la paz, la justicia, el amor y la solidaridad. Estos valores debemos tenerlo muy presente en la Iglesia, porque muchas veces hacemos de la Eucaristía un rito vacío carente de sentido y nos limitamos a un cumplimiento que tranquilice nuestra conciencia, pero que nada tiene ver con las exigencias del Evangelio.

Pidamos al Señor, fuerzas para estar despiertos, vigilantes, con nuestro corazón y nuestros brazos dispuestos a abrazar, acoger y dar amor. Practiquemos la máxima de Don Bosco: “Sed buenos cristianos y honrados ciudadanos”.

Fuente: El Taller de la Serenidad