Mensaje del Arzobispo Metropolitano Mons. José Rafael Quirós Quirós: Maestro, ¿Dónde vives?...Vengan y verán


“Maestro, ¿Dónde vives?...Vengan y verán”
(Juan 1,38-39)

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Al iniciar un nuevo curso académico en el Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles y en nuestro Seminario Arquidiocesano Redemptoris Mater, con sincero afecto de pastor, quiero dirigirme a todos los seminaristas, y muy especialmente a los arquidiocesanos, para manifestarles mi acompañamiento y cercanía es esta importante etapa de formación y discernimiento.

Ustedes muchachos, con determinación firme, desprendimiento y generosidad, quieren responder al llamado del Señor a crecer en intimidad con él, para consagrarse para siempre al servicio de los hermanos.

Decía San Juan Pablo II: “Esto es el seminario: no tanto un lugar, sino un tiempo significativo en la vida de un discípulo de Jesús… El seminarista vive la belleza de la llamada en el momento que podríamos definir de «enamoramiento». Su ánimo, henchido de asombro, le hace decir en la oración: Señor, ¿por qué precisamente a mí? Pero el amor no tiene un «por qué», es un don gratuito al que se responde con la entrega de sí mismo.”

También las palabras del Papa Francisco a los sacerdotes, religiosas, religiosas y seminaristas en Bolivia, adquieren un significado especial en este Año de la Misericordia y vienen a ser el leitmotiv de esta etapa en la que ustedes se encuentran: “No somos testigos de una ideología, no somos testigos de una receta, o de una manera de hacer teología. No somos testigos de eso. Somos testigos del amor sanador y misericordioso de Jesús…No porque seamos especiales, no porque seamos mejores, no porque seamos los funcionarios de Dios, sino tan solo porque somos testigos agradecidos de la misericordia que nos transforma”.

Algunos de ustedes comienzan el camino y otros continúan esa búsqueda respondiendo a la invitación del Señor: “Vengan y verán”. Pero no están solos, sus comunidades, sus familias y amigos, sus formadores, obispos y presbiterios, y toda la Iglesia, nos sentimos espiritualmente unidos y pedimos al Señor que, si es su voluntad y por ende, su vocación, ustedes, en esta experiencia personal con Cristo Buen Pastor, se preparen para entregarse libre y alegremente al servicio de los hermanos.

Justamente, en este I domingo de Cuaresma, el pasaje del Señor en el desierto es profundamente inspirador para ustedes. Jesús, antes de iniciar su ministerio público, se prepara, se retira y, en adelante, se deja conducir por el Espíritu de Dios. El discípulo que en esto imita a Jesús, se mantendrá fiel hasta el final, y no habrá orgullo, vanidad ni poder que le haga cambiar el tesoro de la vocación por algo meramente transitorio.

Por eso, queridos seminaristas, les hago un especial llamado a prepararse en este tiempo, maduren en su opción y mediten las serias obligaciones que forman parte de la vida del sacerdote de Jesucristo.

“Para entender lo que significa ser fieles, debemos mirar a Cristo, el "Testigo veraz" (Ap 1, 5), el Hijo que "aprendió por sus padecimientos la obediencia" (Heb 5, 8); a Jesús que dijo: "No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" (Jn 5, 30). Miramos a Jesús, no sólo para ver y contemplar su fidelidad al Padre a pesar de todas las dificultades (cf. Heb 12, 3), sino también para aprender de El los medios que empleó para ser fiel: especialmente la oración y el abandono a la voluntad de Dios. (cf. Lc 22, 39 ss.)”

Hago un llamado a los fieles laicos, especialmente a aquellos que forman parte de la pastoral vocacional en las parroquias, a seguir clamando al Señor: “Danos santos sacerdotes”. Les encomiendo la especial tarea de orar por nuestros seminarios, por los padres formadores y sobre todo por estos jóvenes seminaristas, para que respondan fielmente a su llamada.

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José