Mensaje del Arzobispo Metropolitano Mons. José Rafael Quirós Quirós: La misericordia y la solidaridad vencen la indiferencia


La misericordia y la solidaridad vencen la indiferencia

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Habiendo dejado atrás el vértigo consumista del mes de diciembre, volvemos a enfrentar una realidad que espera ser transformada por la fuerza de la fe en Jesús, quien nos invita a poner la mirada en los valores permanentes y a relativizar lo transitorio y superficial.

En este sentido, el llamado que nos hizo el Santo Padre para celebrar con ánimo renovado la Jornada Mundial de la Paz, bajo el lema: “Vence la indiferencia y conquista la paz”, cobra una extraordinaria vigencia.

En su mensaje, Francisco hace un balance de los acontecimientos que se dieron durante el año pasado, tanto los positivos como los negativos, y ante estos últimos nos exhorta a no perder la esperanza, por cuanto Dios no es indiferente hacia nosotros.

En contraste, enfatiza el Santo Padre: “La primera forma de indiferencia en la sociedad humana es la indiferencia ante Dios, de la cual brota también la indiferencia ante el prójimo y ante lo creado. Esto es uno de los graves efectos de un falso humanismo y del materialismo práctico, combinados con un pensamiento relativista y nihilista. El hombre piensa ser el autor de sí mismo, de la propia vida y de la sociedad; se siente autosuficiente; busca no sólo reemplazar a Dios, sino prescindir completamente de él.

Por consiguiente, cree que no debe nada a nadie, excepto a sí mismo, y pretende tener sólo derechos”. Este es el camino que algunos quieren para Costa Rica, y nos son pocos los que han caído en esta trampa, entre ellos jóvenes, para quienes Dios es un desconocido, o el enemigo que les impide ser felices. Como país debemos retomar sin temor alguno el camino del verdadero humanismo que se da por la relación estrecha con quien es el autor de la vida.

Debemos superar la indiferencia ante las dolorosas realidades de tantas personas, cercanas o lejanas. Ante el hambre y la pobreza no cabe la indiferencia o el simple señalamiento de causantes, «Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una “educación” que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos.” Con ello se señala la necesidad de dar un golpe importante a la indiferencia institucionalizada, cuando no se dan los pasos necesarios para respuestas eficientes desde todos los ángulos.

También afirma, “Cuando afecta al plano institucional, la indiferencia respecto al otro, a su dignidad, a sus derechos fundamentales y a su libertad, unida a una cultura orientada a la ganancia y al hedonismo, favorece, y a veces justifica, actuaciones y políticas que terminan por constituir amenazas a la paz.” Cultivar la solidaridad desde una política económica que favorezca el bien común, ayudará a que se cultiven ambientes de paz, de ahí que sea tan necesario el análisis objetivo de la realidad fiscal que vive nuestro país, y se generen las leyes y decisiones que favorezcan ese bien común. La evasión fiscal es contraria a la solidaridad y es expresión de indiferencia.

Es importante potenciar aquellos generadores de solidaridad que neutralicen la indiferencia pero esta conlleva una conversión personal y comunitaria, que haga posible la convicción de dar pasos hacia la generación de una cultura de la solidaridad. Por lo que, en este Año de la misericordia, todos estamos llamados a abrirnos a la Misericordia del Padre, para ser misericordiosos como él. La misericordia y la solidaridad vencen la indiferencia.

Pidamos al Señor, quien solidariamente se hizo uno de nosotros, seguir transitando los senderos del amor, y dejando de lado toda indiferencia, seamos verdaderos discípulos suyos, construyendo un mundo más fraterno y solidario.

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José