Mensaje del Arzobispo Metropolitano Mons. José Rafael Quirós Quirós: Paz en esta Navidad


Paz en esta Navidad

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Deseo transmitirles un fraternal saludo de Navidad y Año Nuevo haciéndome eco del coro de los ángeles ante el nacimiento del Hijo de Dios: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, a los hombres de buena voluntad!”

Jesús es el Príncipe de la Paz y ha venido al mundo a comunicarnos este anhelo de Dios para nosotros: “Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo.”

Ya enseñaba San Juan Pablo II: “Ante todo, Cristo, con su palabra y ejemplo, suscitó nuevos comportamientos de paz. Puso la ética de la paz muy por encima de las actitudes corrientes de justicia y armonía. Al inicio de su ministerio, él proclama: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9). Él envía a sus discípulos a llevar la paz de casa en casa, de pueblo en pueblo... Los invita a preferir la paz a toda venganza e incluso a ciertas reclamaciones legítimas, queriendo así arrancar del corazón del hombre la raíz de la agresividad... Les pide que amen a quienes las barreras de todo tipo han transformado en enemigos...”

Al recordar, pues, el mensaje de los ángeles en aquella primera navidad penetramos, también, en la fuerza de este anuncio porque su vigencia y realización entre los hombres, antes que disminuir, se transforma, día a día, en la más ansiada expectativa.

Este año, a nivel mundial, asistimos a diversos conflictos bélicos que amenazan con desestabilizar la paz. El terrorismo, particularmente, ha dejado una secuela de dolor y tensión y, lo que es peor, se ha invocado a Dios para justificar la barbarie y la violencia. Bien decía el Papa Francisco, refiriéndose a estos hechos: “Quiero reiterar con firmeza que el camino de la violencia y el odio no resuelve los problemas de la humanidad, y que usar el nombre de Dios para justificar este camino es una blasfemia".

Costa Rica, en otrora ejemplo de paz para el mundo, ha venido sufriendo, también, los embates de la violencia incrementada por el narcotráfico este año. El crimen con ensañamiento extremo es el pan de cada día de nuestros noticieros, en donde el término “ajuste de cuentas” se perfila ya familiar en nuestro lenguaje. Esta ola de violencia deja una larga estela de sufrimiento en las víctimas y en sus familias.

La violencia no es solo un fenómeno de las calles, pues, lastimosamente, está presente en muchos hogares costarricenses. Con tristeza confirmamos cómo hay familias que han dejado de ser formadoras en los valores humanos y cristianos y en consecuencia, constructoras de la paz en la sociedad y, en cambio, se convierten en escuela de agresión, generando matrimonios deshechos, niños sin alegría, jóvenes que deambulan sin sentido víctimas del alcohol y las drogas, mujeres agredidas, enfermos mártires de la indiferencia y ancianos abandonados o explotados.

En este sentido, el recién celebrado Sínodo sobre la Familia se convierte en un nuevo impulso para llevar el anuncio de la Paz a cada familia para que vivan el proyecto de Dios sobre ellas. No nos cansaremos de instar a acoger con alegría este proyecto del Señor que es respuesta a todos estos males.

Este breve repaso sobre acontecimientos del año que termina debe servirnos para reiterar que la Paz es un don de Dios, pero que, a su vez, cada creyente debe contribuir a su implantación en el mundo.

Hago un ferviente llamado a todos los fieles, y a los hombres de buena voluntad, para que en esta Navidad asumamos un renovado compromiso por la paz y que ofrezcamos al Niño que nace nuestra mayor disposición para ser “instrumentos de su paz.”

Feliz Navidad.

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José