Mensaje del Arzobispo Metropolitano Mons. José Rafael Quirós Quirós: Ministros de Misericordia


Ministros de Misericordia

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

El próximo 8 de diciembre, nuestro Señor bendice a la Arquidiócesis de San José con la ordenación presbiteral de los jóvenes Ronald Fallas, Santiago Ferrer y Luigi Vettone y, con ellos serán, en total diez, los sacerdotes que he ordenado como pastor de este rebaño.

Invito a todo el Pueblo de Dios a que, con sus padres, familiares y amigos, además de las comunidades a las que en su formación han servido, nos sumemos para agradecer al Señor este don y elevemos nuestras oraciones por los nuevos sacerdotes a fin de que sean dignos ministros de aquel que, por pura misericordia, los llama a seguirle y a permanecer firmes en él para que su vida y ministerio sean fructíferos. (cf. Jn 15,5)


Esta ordenación sacerdotal coincide, felizmente con el inicio del Jubileo de la Misericordia convocado por el Papa Francisco y que, como ya sabemos, inicia en la solemnidad de la Inmaculada Concepción con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro y concluye el 20 de noviembre del 2016, con la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
Ambos acontecimientos eclesiales nos hablan de un tiempo de gracia y constituyen el marco extraordinario para reflexionar en torno a la esencia de la vida sacerdotal.

Se preguntaba el Santo Padre: ¿Qué significa ser sacerdote?” e inmediatamente respondía: “… el sacerdote, siguiendo la imagen del Buen Pastor, es un hombre de misericordia, de compasión, cercano a su gente y servidor de todos…los sacerdotes se conmueven delante de las ovejas, como Jesús, cuando veía a la gente cansada y agotada como ovejas sin pastor.”

Evidentemente, los sacerdotes por la imposición de las manos y la oración consecratoria, configuramos nuestra vida con Cristo Sacerdote y Cabeza. Somos sellados con una nueva identidad y como sacerdotes del Señor actuamos en su nombre, somos administradores de sus sacramentos para bien del Pueblo de Dios, presidimos la Eucaristía y nos hacemos “ofrenda permanente” con el Señor, para ser con Él víctima viva, para alabanza de Su gloria y salvación de los hombres.

Pero, sobre todo, si el Señor nos ha llamado para que seamos sus ministros es para servir a los hermanos con particular ternura pastoral. De allí que, insista el Papa Francisco: “corresponde a nosotros, como ministros de la Iglesia, mantener vivo este mensaje sobre todo en la predicación y en los gestos, en los signos, en las decisiones pastorales…

La Iglesia de hoy puede compararse con un hospital de campaña, necesitamos curar las heridas. Hay muchas personas heridas, por problemas materiales, por escándalos, incluso en la Iglesia. Gente herida por las ilusiones del mundo. Nosotros, sacerdotes, tenemos que estar ahí, al lado de estas personas. Misericordia significa, ante todo curar las heridas.

Este llamado a ser instrumentos de la misericordia de Dios es, además, el firme recordatorio de que no somos simples “funcionarios”.

A propósito, el pasado mes de setiembre en el encuentro con los sacerdotes, religiosas y religiosos de Nueva York, el Papa Francisco también advertía: “Podemos caer en la trampa de medir el valor de nuestros esfuerzos apostólicos con los criterios de la eficiencia, de la funcionalidad y del éxito externo, que rige el mundo de los negocios. Ciertamente, estas cosas son importantes. Se nos ha confiado una gran responsabilidad y justamente por ello el Pueblo de Dios espera de nosotros una correspondencia. Pero el verdadero valor de nuestro apostolado se mide por el que tiene a los ojos de Dios”.

Con Francisco podemos afirmar, “Somos sacerdotes para estar en medio de la gente”… el bien que los sacerdotes pueden hacer, nace de la cercanía a la gente y de un tierno amor por las personas”, del ser “padres y hermanos”.

Que el Señor haga de todos los sacerdotes, y muy especialmente de Ronald, Santiago y Luigi, hombres de misericordia y confío plenamente que “el que comenzó en nosotros esta obra buena la consume hasta el día de Cristo Jesús.” (cf. Filp 1,6)

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José