Mensaje del Arzobispo Metropolitano Mons. José Rafael Quirós Quirós: Aprendamos de la historia


Aprendamos de la historia

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

El pasado lunes 16 de noviembre fui invitado a dialogar con miembros de la comunidad judía en Costa Rica y con ciudadanos en general, en torno al Kristallnacht o “La noche de los cristales rotos”. Con este acto recordábamos que el 9 de noviembre de 1938 arrancó una espiral de violencia por parte del gobierno nazi contra los judíos y que, en definitiva, este hecho representa el punto de arranque del intento de aniquilación de la población judía u Holocausto.

Este nefasto pasaje de la historia reciente nos recuerda que la discriminación engendra un camino de odio y violencia pues nace de la errada idea de que hay seres humanos superiores a otros, o de que algunos pueden definir qué es “más o menos” humano, olvidando que hemos sido creados con igual dignidad y que, en consecuencia, toda vida humana tiene el mismo valor pues está ligada directamente al proyecto de su Creador.

“La noche de los cristales rotos” también nos hace tomar conciencia de cómo el odio y la violencia no brotan de manera espontánea, sino que se generan, es decir, de alguna forma se construyen y se insertan en la mente, en el corazón, en las entrañas del ser humano. Por eso deben ser sanados desde ahí mismo. Conmemorar esa terrible noche nos ayuda a mantener alerta nuestra mente y nuestro corazón para evitar que se repitan errores tan nefastos.

Con esta celebración o memoria, lejos de mantener vivo el dolor y el resentimiento, queremos hacer que el odio no domine nuestra mente, ni nuestro corazón, ni nuestras entrañas. Perdonar, bien lo sabemos, es camino de valientes. El perdón no consciente que el recuerdo, nos lleve a tener los mismos sentimientos de odio y violencia que movieron a nuestros agresores y provocaron nuestro dolor.

En este contexto, la declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, sentó un gran precedente al recordarnos que “No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente (…) La Iglesia, por consiguiente, reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación realizada por motivos de raza o color, de condición o religión”.

Este mismo énfasis a favor del diálogo, la apertura y el respeto lo encontramos, con total claridad en el ministerio pastoral del Papa Francisco. En su reciente encuentro con la sociedad civil ecuatoriana el Papa Francisco destacaba: “Las normas y las leyes, así como los proyectos de la comunidad civil, han de procurar la inclusión… Consideró que solo así se podrá dejar en el doloroso recuerdo cualquier tipo de represión, el control desmedido y la merma de libertades”.

Todos estamos llamados a respetar al otro, tal como es y, sobre todo, respetar su fe y sus convicciones religiosas. Dejemos que el otro sea quien es y evitemos por tanto, todo tipo de prejuicios.

Seguimos tropezando en la misma piedra y de ello, dan fehaciente testimonio los ataques perpetrados la semana pasada en París en el que decenas de personas perdieron sus vidas victimas del odio y el fanatismo.

El mundo de hoy demanda una conciencia renovada sobre este tema. Sentimos con el judío el antisemitismo, pero también debemos “sentir” con los otros los, cada vez, más frecuentes actos de intolerancia que se dan hacia otras experiencias religiosas. “Sentir” con los cristianos, budistas, musulmanes, hindúes, que mueren a diario a causa de sus credos. “Sentir” con todos aquellos que son víctimas de la guerra y el terrorismo, que se ven obligados a abandonar sus países y esconder su fe. Ante la injusticia, los creyentes no podemos callar ni ser indiferentes.

“La verdadera apertura implica mantenerse firme en las propias convicciones más hondas, con una identidad clara y gozosa, pero «abierto a comprender las del otro» y «sabiendo que el diálogo realmente puede enriquecer a cada uno”.

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José