Mensaje del Arzobispo Metropolitano Mons. José Rafael Quirós: "Laudato si" y dignidad de la persona


Laudato si  y dignidad de la persona…

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Con gran expectativa y sincero entusiasmo, el mundo entero acogió la Encíclica “Laudato si’ del Papa Francisco. Su mensaje no está dirigido exclusivamente a los fieles católicos sino que, por su actualidad e importancia, alcanza a todos los seres humanos pues todos habitamos esta Tierra que “nos precede y nos ha sido dada”. 

En su Encíclica Francisco nos recuerda que “una presentación inadecuada de la antropología cristiana pudo llegar a respaldar una concepción equivocada sobre la relación del ser humano con el mundo” por eso, alienta a asumir un compromiso con el medio ambiente, de modo integral y coherente, sin dejar de destacar la centralidad y primacía de la persona humana.

Esta línea en su enseñanza no es nueva: “Afirmar la dignidad de la persona significa reconocer el valor de la vida humana, que se nos da gratuitamente y, por eso, no puede ser objeto de intercambio o de comercio (…) Cuidar de la fragilidad, de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante y ser capaz de dotarlo de dignidad”. (Discurso al Parlamento Europeo, n. 8, 2014).

Consolida en esencia, la fidelidad al ser humano que la Iglesia ha conservado permanentemente en su enfoque ético ecológico.

Ya San Juan Pablo II enseñaba que “La contaminación o la destrucción del ambiente son frutos de una visión reductiva y antinatural, que configura a veces un verdadero y grave desprecio del hombre.” A su vez, el Papa Benedicto XVI repetía: "El ser humano es la cumbre de la Creación y por eso tiene una dignidad inviolable".

En la V Conferencia en Aparecida, en la que, el entonces Cardenal Bergoglio tuvo gran protagonismo, los obispos insistían en la necesidad de orientar la creciente conciencia ecológica hacia un modelo de desarrollo alternativo, integral y solidario, basado en una ética que incluya la responsabilidad y la preocupación “por una auténtica ecología natural y humana, fundada en los cimientos de la justicia, la solidaridad y el destino universal de los bienes.” (Cfr. D. A nº 474). 

Por eso, no es de extrañar que en un documento que mira a la naturaleza en su totalidad, como don de Dios, el Papa señale que “cuando no se reconoce el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad; difícilmente podremos escuchar los gritos de la naturaleza” o que, simplemente “No es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto”… “En lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo a proponer una reducción de la natalidad”. Estas observaciones del Santo Padre resultan providenciales en momentos en los que en Costa Rica se pretende, arbitrariamente, decidir sobre la vida de un no nacido, cualquiera que sea su condición, imponiéndosenos una ideología, un supuesto consenso social o una disposición del poder constituido.

El Papa nos recuerda que “debemos preocuparnos de que otros seres vivos no sean tratados irresponsablemente, pero especialmente debemos preocuparnos de las enormes inequidades que existen entre nosotros, pues seguimos tolerando que unos se consideren más dignos que otros”… y califica como evidente “la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas.”

Esta encíclica humanista y, por eso, ecologista, no se queda en una adhesión de la Iglesia a ideologías promovidas por algunos movimientos ambientalistas. Con su propuesta espiritual y práctica se pronostica una amplia agenda de discusión eclesial, política, social y económica y, en buena hora que así sea pues, como insiste el Papa, cómo ocuparnos de la degradación ambiental “si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social”.

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José