Mensaje del Arzobispo Metropolitano: Comunicación y familia

Comunicación y familia

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Hemos celebrado la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales teniendo como referencia a la familia como “el primer lugar donde aprendemos a comunicar”.

Es muy lógica esta propuesta del Papa Francisco considerando la cercanía del Sínodo de Obispos sobre la Familia a celebrarse el próximo mes de octubre. En este contexto, la familia domina la reflexión eclesial pues, tal y como destaca el Santo Padre: “La Iglesia como Madre, no abandona nunca a la familia, también cuando se ha evidenciado que está herida o de muchas maneras mortificada.”

No es la primera vez que dicha Jornada pone a la familia como eje. Ya el papa Pablo VI, desde la III Jornada en el año 1969, propuso el tema: “Comunicaciones sociales y familia”. En aquella ocasión se invitaba a una reflexión positiva y fecunda sobre la expansión creciente de la prensa, de la radio, del cine y de la televisión y su influencia en el seno de las familias: “estos instrumentos de comunicación social penetran ahora hasta el corazón de la intimidad familiar, imponen sus horarios, hacen modificar las costumbres, proporcionan abundantes temas de conversación y discusión, y, sobre todo, influyen en la psicología de quienes los utilizan, a veces profundamente, tanto en el aspecto afectivo e intelectual, como en el campo moral y hasta religioso.”

En el año 1994, bajo el lema “Televisión y familia: criterios para saber mirar”, el Papa Juan Pablo II nos presentó lo que, en aquel momento, era objeto de su particular preocupación. Al respecto el Papa señalaba que, si bien la televisión conseguía enriquecer la vida familiar, igualmente podía perjudicarla: “al difundir valores y modelos de comportamiento falseados y degradantes, al emitir pornografía e imágenes de violencia brutal al inculcar el relativismo moral y el escepticismo religioso; al dar a conocer relaciones deformadas, informes manipulados de acontecimientos y cuestiones actuales; al transmitir publicidad que explota y reclama los bajos instintos y exalta una visión falseada de la vida que obstaculiza la realización del mutuo respeto, de la justicia y de la paz.” Estos temas, ciertamente, siguen vigentes…

Los nuevos tiempos y las nuevas tecnologías siguen siendo motivo de interés para la Iglesia. En un encuentro con el Pontificio Consejo de las Comunicaciones en el 2013, el Papa Francisco planteaba que "en la actual era de la globalización, estamos asistiendo a un aumento de la desorientación, de la soledad; la dificultad para trabar relaciones profundas" y por eso, "también en el contexto de la comunicación es necesario que la Iglesia consiga llevar calor, que enardezca los corazones".

Aunque estos elementos son un preámbulo al tema expuesto para la actual Jornada, en esta ocasión, el énfasis se ha puesto en la familia como núcleo privilegiado para crecer en la verdadera comunicación: “La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva.”

En tiempos en que los antivalores son promovidos desde diversos espacios, las familias cristianas están llamadas a fortalecer una comunicación efectiva que de seguridad y fortaleza a todos sus miembros en la transmisión de los valores morales y espirituales que la definen.

No desfallecemos en proponer la riqueza humana de la familia que toma el camino del diálogo, como respuesta a las barreras que hoy se interponen en la construcción auténtica de la persona humana, en su legítima dignidad. 

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José