Mensaje Arzobispo Metropolitano: Monseñor Romero, Mártir de la Iglesia


Monseñor Romero … Mártir de la Iglesia

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Durante mi época de seminarista tuve la oportunidad de conocer al Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, en una corta visita a nuestro Seminario Central. En aquel momento, El Salvador se debatía en una guerra intestina que había cobrado miles de víctimas inocentes y ya existían serias amenazas de muerte contra él.

Me impactó su sencillez, cercanía y humildad. Llevaba adelante su ministerio pastoral con gran confianza en el Señor, haciendo caso omiso a esas pretendidas intimidaciones. De él leí esta afirmación: “Jesús ha dicho: Si el grano de trigo no muere… ser cristiano, entonces, es vivir en actitud de servicio hasta la muerte. El egoísta no entiende de eso… Debo andar por los caminos recogiendo cadáveres, escuchando a las viudas y huérfanos y procurando difundir la paz”.

Monseñor Romero fue un pastor consagrado al servicio de su pueblo que, primeramente, con su ejemplo, enseñaba: “Cuanto más alta sea la jerarquía eclesial, debe ser más humilde y servidora.” 

El pasado 24 de marzo pasado se cumplieron 35 años de su muerte y, pocos días antes, se había anunciado al mundo su beatificación. Con su martirio la Iglesia reconoce que Romero murió por la causa del Evangelio y no al servicio de una ideología pues, tal como él enseñaba: “La evangelización entraña peligros: anuncia el Reino en la verdad, la justicia y el amor y denuncia situaciones vitales, añejas, de injusticia y de pecado… Exige renunciar a los halagos del mundo y a sus privilegios para convertirse en fidelidad al evangelio de Jesús y a los pobres”.

Afirmar su martirio no obedece a un acto político sino al reconocimiento del firme compromiso cristiano que ha servido de inspiración a muchos hermanos salvadoreños, de hecho, con su muerte no disminuyó la represión contra la Iglesia en El Salvador; así lo atestiguan la violación y asesinato de tres monjas y una seglar de origen estadounidense el 2 de diciembre de 1980 o la masacre de seis sacerdotes jesuitas por escuadrones de la muerte, en noviembre de 1989, entre otros casos.

Su entrega hacia los pobres y desposeídos era consecuente con su profunda fe: “La fe es fiarse de Dios, sin dudas, vacilaciones o miedos…Es lanzarse al vacío, sin cálculo alguno, confiados sólo en él… no es simplemente un asentimiento de la razón… es la entrega incondicional del corazón y de la vida confiados en su promesa…”

Como subrayamos los obispos en nuestro mensaje, al clausurar la 109° Asamblea Ordinaria, recibimos con gozo la noticia de la beatificación de Mons. Oscar Arnulfo Romero “quien, por una parte, con su ejemplo de vida y sacrificio nos inspira, primeramente, a nosotros obispos, servidores del Pueblo de Dios, a imitar la entrega y generosidad de este pastor cuyo testimonio llena de fortaleza y entusiasmo nuestro ministerio hasta el extremo del martirio y, por otra, anima a todo el Pueblo de Dios a vivir con radicalidad la experiencia de la fe y la solicitud hacia los más necesitados.”

En adelante, la Iglesia Universal y en particular, la Iglesia que peregrina en esta Región, podrá celebrar con alegría los méritos de este hombre de Dios cuya entrega y servicio, lo han constituido en testigo fiel del Evangelio.

Al iniciar el Tiempo Pascual, nos llenamos de esperanza pues los que entregan su vida por Cristo, no quedan defraudados, sino que resucitarán con Él, para gloria de Dios Padre.

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José