Animar y fortalecer al rebaño


Animar y fortalecer al rebaño

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

El pasado mes de febrero, en el contexto del Consistorio Ordinario para la creación de veinte nuevos cardenales, el Papa Francisco aseveró: “El camino de la Iglesia… es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración. Esto no quiere decir menospreciar los peligros o hacer entrar los lobos en el rebaño, sino acoger al hijo pródigo arrepentido; sanar con determinación y valor las heridas del pecado; actuar decididamente y no quedarse mirando de forma pasiva el sufrimiento del mundo.” 
Al momento de iniciar mis “Visitas Pastorales” en la Arquidiócesis de San José, esta enseñanza del Papa me resulta altamente inspiradora pues, a la vez que resume la intención primordial de mi acercamiento como pastor a cada parroquia, me invita a asumir esta responsabilidad de mi ministerio, como un auténtico tiempo de gracia.

La Visita Pastoral que el Obispo, en razón de su ministerio apostólico realiza a cada una de las parroquias de la Diócesis a él confiada, está llamada a ser expresión viva de «la caridad pastoral que lo presenta concretamente como principio y fundamento visible de la unidad de la Iglesia particular». De allí que por medio de ella, el Obispo debe buscar la concreción de un estilo pastoral que lo hace el primer animador de la comunión diocesana en todos sus niveles. El obispo es, en efecto, ministro y garante de la comunión en la Iglesia diocesana, puesto que «donde está el obispo, allí está la Iglesia»

Por tanto, la visita pastoral es una ocasión privilegiada para poner en práctica este estilo de cercanía pastoral en que insiste el Papa Francisco cuando afirma “Los obispos han de ser pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos…el obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear…”

En este sentido, es hermoso interiorizar lo que se indica en el Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, que concibe la visita pastoral como «un evento de gracia que refleja en cierta medida aquella especial visita con la que “el supremo pastor” (1Pe 5,4) y guardián de nuestras almas (Cfr. 1Pe 2,25), Jesucristo, ha visitado y redimido a su pueblo (Cf. Lc 1,68)». Por lo que, “teniendo como modelo a Jesús, el Buen Pastor, (el obispo) se presente a los fieles no “con ostentación de elocuencia” (1 Co 2, 1), ni con demostraciones de eficientismo, sino revestido de humildad, bondad, interés por las personas, capaz de escuchar y hacerse entender.”

Como Pastor quiero encontrarme con los sacerdotes, consagrados, consagradas, grupos y movimientos apostólicos, agentes de pastoral laicos, quienes respondiendo a la voz del Espíritu, que les fortalece en la comunión, están entregándolo todo en la Evangelización, conforme al Plan Pastoral Arquidiocesano. «Es una oportunidad para reanimar las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos» (Directorio para el ministerio pastoral de los obispos, Nº 220). 

Tendré también la oportunidad de encontrarme con quienes conforman la comunidad parroquial, en sus propios ambientes y realidad. Es por tanto una «prioridad el encuentro con las personas», ejerciendo de manera «cercana al pueblo el ministerio de la palabra, de la santificación y la guía pastoral, en contacto directo con las angustias y las preocupaciones, las alegrías y la expectativas de la gente, con la posibilidad de exhortar a todos a la esperanza». De allí que los aspectos administrativos de la misma los delegaré en mis colaboradores, para dar prioridad a vivir un «contacto directo» con todas las personas, y en particular «con los más pobres»

Siguiendo el programa establecido, se destacará la centralidad de la Eucaristía, la cual al ser presidida por el Obispo, hace visible en su inmensa riqueza, el misterio de la Iglesia en su plenitud. Ella debe marcar los momentos más importantes de la visita pastoral.

Desde ya pido a todas las comunidades parroquiales disponerse para estas visitas pastorales, pidiendo al Señor vivirlas como paso y presencia suya que transforma toda vida.

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José