Cristo cambió la historia


Cristo cambió la historia

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

La Semana Santa es para los cristianos el hermoso tiempo que, como si fuera un oasis en el año, nos ofrece la oportunidad de meditar en el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. 

Sin embargo, la esencia de la semana mayor tiene dificultades de comprensión por parte de aquellos que, fijándose más en los aspectos culturales a partir de tradiciones o costumbres, prescinden del discernimiento y la profundización del Misterio que celebramos. Incluso hay manifestaciones como “la quema de Judas”, que en absoluto tienen que ver con la fe.

Igualmente, hay quienes se quedan solo en la dimensión del dolor y la muerte de Jesús, y no dan el paso esperanzador de la resurrección, que otorga pleno sentido a todo lo anterior. Nuestra fe es de resurrección y vida en plenitud: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”. ( I Cor 15,14) Esto implica incorporarse a la multitud de los que han optado por hacer resplandecer la luz del Señor con su propia vida.

Redescubramos el valor de estos días para elevar nuestro espíritu en la meditación de este acontecimiento central en la historia de la humanidad pues, el amor en Persona, nos invita a tomar conciencia de lo que significa derramar hasta la última gota de su sangre para que ninguno llegue a perderse. Es verdad, nos lo ha entregado todo, para que le correspondamos, consecuentemente, con una entrega total y sincera. 

Para entregarnos al Señor es necesario decidirse por un estilo de vida que implica compromiso sincero y transparente, con valores como la paz, el amor al prójimo, la justicia, la apertura a la acción de Dios abrazando con alegría sus mandatos. Esto no es posible sin la ayuda que procede directamente del mismo Señor, por ello es que adquieren singular relevancia la plegaria, el sacrificio y la cercanía a los más necesitados, además de la disposición de rechazar todo pecado. 

Es de gran provecho y ayuda, tomar la Palabra de Dios, para meditarla y dejarse transformar por su poder; igualmente tenemos vidas ejemplares de hermanos nuestros que nos antecedieron en el caminar de la fe y que hoy gozan plenamente de la vida eterna.

La Semana Santa nos ofrece la oportunidad de contemplar el extremo al que puede llegar la crueldad del ser humano, cuando intenta anular a Dios y excluirlo de su historia. Esta historia se repite toda vez que se pretende un humanismo sin Dios, porque el simple humanismo, es egoísta, racionalista, pragmático y violento. 

Qué peligrosa una sociedad sin Dios, estamos a tiempo de rectificar nosotros los costarricenses que amamos a Dios y a la Patria, yendo contra la corriente de la ideología que aspira imponerse cuando se afirma que la defensa de valores esenciales como la vida, es de conservadores que no dejan avanzar la historia. El juicio abreviado e injusto que se le siguió a Jesús, se repite toda vez que se condena a muerte a un inocente, por ejemplo aprobando leyes contra la vida. 

Les invito a participar con mucho fervor de los oficios religiosos durante estos días santos, esto redundará en nuestro bien personal y social, pero, no importando el lugar donde nos encontremos, debemos dejarnos impactar y renovar por Cristo. 

Permitámosle entrar a nuestra vida, Él está llamando a la puerta de nuestro corazón. No hay que tener miedo a la invitación de seguirle tomando la propia cruz, solamente de los valientes y decididos es el Reino de los cielos. 

Imploremos con toda humildad “¡Oh Dios crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme!” (Salmo 50, 12).

Fuente:
Departamento de Comunicación - Arquidiócesis de San José