Una voz de esperanza


Una voz de esperanza

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Finalizó la III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en Costa Rica y, más allá de las anécdotas, los discursos y el trasfondo ideológico predominante en este encuentro, las propuestas y compromisos en materia de lucha contra la pobreza extrema, en una región donde más de 68 millones de personas viven afectadas por este flagelo, traen consigo una voz de esperanza para nuestra gente. 

Según nuestros líderes, el angustioso rumbo político y económico de América Latina debe, al fin, reorientarse a partir de una justa jerarquía de valores con vistas al bien común.

Ya lo subrayaban los obispos en Aparecida: “Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: la exclusión social…Los excluidos no son solamente “explotados” sino “sobrantes” y “desechables”. (Ap.65)

Estos objetivos priorizados por el CELAC en el campo de la justicia social sólo serán posibles desde un enfoque ético, solidario e integral, que trascienda la visión “economicista” y obsesiva por el supuesto “crecimiento” que ha venido a generar mayor desigualdad. Igualmente, dichos propósitos exigen importantes consecuencias en la práctica política pues urge atacar la improvisación, la corrupción y los privilegios desde su raíz, y ocuparse, sin populismos, en modificar acciones en el campo fiscal, servicios sociales, vivienda y creación de empleos, entre otros aspectos. 

El drama de la pobreza nunca será resuelto con floridos discursos sino con conciencia, voluntad, compromisos y acción. 

Casualmente, y desde una perspectiva más humana, el papa Francisco denuncia en su mensaje: “Fortalecer los corazones”, para la cuaresma del 2015, cómo la actitud egoísta alcanza tal dimensión, al punto de poder hablar de una “globalización de la indiferencia”: “Yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien”.

El Santo Padre al sensibilizarnos ante este hecho, nos hace tomar conciencia, a todos los niveles, de la indiferencia como una actitud nefasta y antievangélica, aún más ofensiva, al constatar su vigencia en nuestra región, predominantemente cristiana.

La cruda realidad de millones de hermanos latinoamericanos en situación de pobreza extrema debe movernos a todos, y especialmente a la clase política, a tomar decisiones firmes y coherentes de modo que pasemos de esa vergonzosa indiferencia a acciones que garanticen y propicien un nivel de vida digno para todos. 

Ya nos enseñaba el Papa Emérito Benedicto XVI: “En las zonas más pobres, algunos grupos gozan de un tipo de super desarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora. Se sigue produciendo “el escándalo de las disparidades hirientes.” (Caritas in veritate, n. 22).

Creo que no podemos considerarnos el país más feliz del mundo, cuando muchos hermanos nuestros están sumidos en la pobreza y la brecha social se ensancha cada vez más. Son muchas las personas que en los últimos meses han perdido su empleo y no son pocos los que, desde hace mucho tiempo, no cuentan con él. La cultura posmoderna, envolvente como es, profundiza el egoísmo, ya personal o de grupos, que no permite mirar más allá de los propios intereses, muchos de estos legitimados por leyes que les protegen.

Fuente:
Eco Católico, Sección Opinión, página 12 - Domingo 25 de enero 2015