Fortalezcan sus corazones


Fortalezcan sus corazones...

Mensaje de la Conferencia Episcopal de Costa Rica. Cuaresma 2015

“La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia».” Como Pastores del Pueblo de Dios, nos hacemos eco del mensaje cuaresmal del Papa Francisco para alentarlos a vivir este tiempo litúrgico -que inauguramos con el significativo rito de la imposición de la Ceniza y su llamado a una conversión radical- con ánimo renovado, apoyados en una intensa oración, ayuno, penitencia y atención a los más necesitados. 

El itinerario cuaresmal desemboca en la celebración del misterio central de la fe, a saber, la pasión, muerte y resurrección del Señor, todos estos, acontecimientos nos recuerdan que Jesús, el Buen Pastor, ama entrañablemente a sus ovejas. Como destaca el Papa, Dios “está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede.”

Esta actitud de Dios con sus hijos contrasta con la indiferencia deshumanizante con la que, diariamente, nos relacionamos. Dice Francisco: “…cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás)… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien.” 

Esta situación supera el ámbito personal y alcanza una dimensión mundial, a tal punto que podemos hablar de una “globalización de la indiferencia”… Como sociedad, quitamos la mirada de quienes están inmersos en el dolor, de los que son víctimas de la injusticia y la marginación, de los hermanos y hermanas que están presos u hospitalizados, de los niños que son brutalmente agredidos o que deambulan en las calles sin estudio y con hambre, de los miles de costarricenses que no encuentran un trabajo digno o que lo han perdido recientemente, de los emigrantes sin hogar y de los ancianos abandonados a su suerte. Su sufrimiento, como el de otros tantos, parece no significarnos. 

Esta indolencia es “un malestar que tenemos que afrontar como cristianos” pues el Pueblo de Dios, debe renovarse “para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo.”

Con la pregunta: « ¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) Francisco nos recuerda que esta renovación del Pueblo de Dios se traduce y experimenta, también, en la vida de las parroquias y de las comunidades. En este sentido, constatamos con alegría, como en la inmensa mayoría de nuestras comunidades parroquiales existen proyectos de atención y promoción humana, hacia los más pobres y desposeídos, en las que, sin prejuicios ni aspavientos, se vive la dimensión social de la fe. Los Obispos agradecemos y animamos el compromiso solidario de miles de católicos que, como buenos samaritanos, por el fuego que el Espíritu Santo infunde en sus vidas y estimulados, exclusivamente, por el amor al prójimo, ponen al servicio de los otros, su trabajo, sus dones y su tiempo, encarnando el Evangelio del Amor: “"En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." (Mateo 25,40)

Nos dice el Papa: “Cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.” Hagamos pues de nuestras parroquias un lugar de encuentro familiar y de acogida sincera a cualquier persona, más allá de su condición social, moral, económica y religiosa. 

Decía Monseñor Oscar Arnulfo Romero, cuyo testimonio de vida nos ilumina, hoy más que nunca, a todos los fieles católicos de la región centroamericana que… “donde hay orgullo no hay reconciliación…los orgullosos no entienden el proyecto fraterno de Jesús… No saben amar”. No hay transformación sin humildad.

Por eso, con el Santo Padre insistimos en la necesidad de asumir una actitud de sincera conversión personal y hacer de esta Cuaresma el “tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto… De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.” 

Reiteramos, queridos hermanos, nuestro llamado a disponernos ante el Señor para que la vivencia del auténtico amor - desprendimiento, entrega y renuncia- que nos exige este tiempo de Cuaresma, con nuestra confianza puesta en su Misericordia, nos lleve a dar lo mejor de sí mismos. 

Dado en San José, 12 de febrero del 2015 
Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica