Cuaresma tiempo de gracia


Cuaresma tiempo de gracia

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

“La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia».” No podemos concebirlo de otra manera, pues, su inicio mismo con el rito de la imposición de la ceniza –que no tiene carácter mágico alguno- expresa la necesidad que tenemos de penitencia y sacrificio en remisión de nuestros pecados. 

El tiempo cuaresmal nos ayuda a interiorizar nuestra realidad como pecadores, y por tanto, necesitados de misericordia. Nos enseña San Juan: “Si decimos: “No tenemos pecado” nos engañamos y la verdad no está en nosotros” (1 Jn. 1, 8). Por eso, reafirmemos nuestra confianza en el amor desbordante del Señor. 

Como destaca el Papa Francisco en su Mensaje de Cuaresma, Dios “está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede.” 

Descubrir que Dios no se queda indiferente ante nuestra condición pecadora, nos anima a dejarnos encontrar por él. La narración del Génesis nos ayuda a comprender esta verdad al decir que nuestros primeros padres pecaron pero, Dios sale a su encuentro, y es así como toman conciencia de haberlo perdido todo, aun así, lo más relevante es el anuncio del triunfo del mismo Dios sobre el mal y todas sus consecuencias (Gen. 3, 14). No nos resistamos ante tanta bondad pues Dios no se cansa en ofrecérnosla a cada momento. Es Él quien viene a renovar nuestras vidas y a fortalecernos para no desmallar en el camino, pero quiere que ese amor recibido lo traduzcamos en acciones que favorezcan la fraternidad.

Tenemos, por tanto, la urgencia de impedir que la indiferencia, ya como fenómeno mundial, siga creciendo; así lo expresamos los Obispos en nuestro Mensaje de Cuaresma: “…Como sociedad, quitamos la mirada de quienes están inmersos en el dolor, de los que son víctimas de la injusticia y la marginación, de los hermanos y hermanas que están presos u hospitalizados, de los niños que son brutalmente agredidos o que deambulan en las calles sin estudio y con hambre, de los miles de costarricenses que no encuentran un trabajo digno o que lo han perdido recientemente,de los emigrantes sin hogar y de los ancianos abandonados a su suerte. Su sufrimiento, como el de otros tantos, parece no significarnos.”

En verdad, cuánta falta nos hace una verdadera conversión hacia el hermano que sufre. Con toda claridad nos enseña el profeta Isaías “El ayuno que yo quiero es éste –oráculo del Señor- Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que está desnudo y no cerrarte a tu propia carne. Entonces nacerá una luz como la aurora, “(Is. 58, 6). Es el mismo Señor que nos invita a encontrarnos con él en el otro, con ello entendemos que la acción caritativa de cada cristiano y de la Iglesia no se queda y no surge, únicamente, del marco de lo social, sino que tiene su fundamento en Cristo, el Buen Samaritano por excelencia. 

En atención a esta exigencia, estamos haciendo camino, así lo expresamos en nuestro Mensaje los Obispos: “En este sentido, constatamos con alegría, como en la inmensa mayoría de nuestras comunidades parroquiales existen proyectos de atención y promoción humana, hacia los más pobres y desposeídos, en las que, sin prejuicios ni aspavientos, se vive la dimensión social de la fe.” En esa vivencia del Evangelio del Amor, se juega nuestra salvación: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." (Mateo 25,40)

Quiere el Señor que vivamos con seriedad este tiempo de gracia, aprovechémoslo, apartando todo aquello que pueda distraernos de su verdadero sentido. “CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO”

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana