No esclavos, sino hermanos


No esclavos, sino hermanos

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

"Feliz Año Nuevo"… Con esta conocida expresión quiero externarles mis sinceros deseos de salud, paz y bienestar, pidiendo al Señor su bendición sobre cada uno de ustedes y sus familias: “El Señor te bendiga y te guarde, te muestre su rostro y tenga misericordia de ti, te mire benignamente y te conceda la paz.” (Nm 6, 23-27)

Al comienzo de cada nuevo año, el Santo Padre nos propone un tema que inspire a lo largo del año los esfuerzos por construir un mundo más justo, fraternal, solidario y pacífico. En esta ocasión, con la 48ª Jornada Mundial de la Paz y bajo el lema: «Ya nunca más esclavos, sino hermanos» el Papa Francisco plantea un tema que, lejos de ser parte del pasado, tiene una gran actualidad, a saber, el fenómeno de la esclavitud.

A principios del 2014 el Papa nos habló de “La Fraternidad, fundamento y camino para la paz” e insistía en que el «deseo de una vida plena… forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer». Hoy, sobre esta base nos reitera que la esclavitud hiere mortalmente dicha fraternidad universal y, por tanto, la paz. 

En efecto, la paz tiene lugar cuando el ser humano reconoce en el otro, un hermano que posee la misma dignidad “Por desgracia” dice el Papa: “el flagelo cada vez más generalizado de la explotación del hombre por parte del hombre daña seriamente la vida de comunión y la llamada a estrechar relaciones interpersonales marcadas por el respeto, la justicia y la caridad.”

Esta relación tirante entre los hombres ha estado presente desde siempre, la misma historia de salvación da fe de ello… “la realidad negativa del pecado…interrumpe la fraternidad creatural y deforma continuamente la belleza y nobleza del ser hermanos y hermanas de la misma familia humana”. Lejos de una lectura pesimista de la historia, el Papa señala que “la Buena Nueva de Jesucristo, por la que Dios hace «nuevas todas las cosas» (Ap 21,5), también es capaz de redimir las relaciones entre los hombres, incluida aquella entre un esclavo y su amo, destacando lo que ambos tienen en común: la filiación adoptiva y el vínculo de fraternidad en Cristo. 

Esta verdad debe ser proclamada y promovida especialmente por nosotros los cristianos pues, “a pesar de que la comunidad internacional ha adoptado diversos acuerdos para poner fin a la esclavitud en todas sus formas, y ha dispuesto varias estrategias para combatir este fenómeno, todavía hay millones de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud.”

De modo directo el Papa denuncia la situación de “tantos trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores, desde el trabajo doméstico al de la agricultura, de la industria manufacturera a la minería, tanto en los países donde la legislación laboral no cumple con las mínimas normas y estándares internacionales”… de los emigrantes que, en su dramático viaje, sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente… de los que se ven obligados a la clandestinidad por diferentes motivos sociales, políticos y económicos, y en aquellos que, con el fin de permanecer dentro de la ley, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles… en las personas obligadas a ejercer la prostitución, entre las que hay muchos menores, y en los esclavos y esclavas sexuales; en las mujeres obligadas a casarse, en los niños y adultos que son víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producción o venta de drogas...”

Como vemos, los temas denunciados por el Papa Francisco, lamentablemente, forman parte de nuestra realidad nacional. 

Les invito para que esta Jornada Mundial de la Paz, no pase desapercibida sino que, además de la Oración ferviente al Señor para que se respete la dignidad de toda persona, nos comprometa a todos en la construcción de un país, donde en verdad el nuevo nombre de la paz, sea la justicia.

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana