Esperanza para el año que inicia


Esperanza para el año que inicia

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

En estos días la expresión: “Año nuevo… vida nueva” es para muchos altamente inspiradora. Las buenas intenciones y firmes propósitos evidencian el anhelo de superación en diversas áreas de vida y la expectativa de éxito en nuestros objetivos.

Ver el futuro con ilusión, retomar los sueños e ideales, inyectar entusiasmo y pasión a cuanto hacemos, son actitudes que, en buena hora, este cambio de fecha provoca… Es, sin duda, una etapa en la cual nos abrimos a la esperanza.

Ahora bien, tal y como nos enseña el papa Francisco, tener esperanza es mucho más que ser optimistas… porque “la esperanza cristiana es dinámica y da vida.” 

Esta esperanza no se funda en nuestras limitadas capacidades humanas sino en la certeza de que solo en Aquel que, asumiendo nuestra fragilidad nos ha hecho fuertes, nuestros pasos se hacen firmes.

Esta convicción proporciona un contenido más profundo a nuestra vida y nos compromete a asumir, con seguridad y ánimo, cualquier circunstancia, por adversa y desalentadora que pueda plantearse. Implica por tanto, caminar decididamente hacia la meta que deseamos alcanzar, y no pretender que todo nos llegue fácilmente y con el mínimo esfuerzo.

Lo que proyectamos a nivel personal debería, también, concebirse en el plano social. La suma de buenas voluntades y la voz de quienes, promoviendo el diálogo y la participación en el proyecto de una Costa Rica mejor, realmente solidaria y fraterna, deben tomar fuerza ante quienes, con tono apático o fatalista, se refieren al futuro del país.

Como destacaba en mi mensaje la semana pasada, la hermandad es el fundamento y camino para la paz y forma parte de un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos qué acoger y querer.

Este año, hago un llamado respetuoso a todos, en particular a los diversos actores sociales, a que luchemos por un propósito común, a saber, la unidad efectiva de la gran familia costarricense. Esa unidad que debe necesariamente traducirse en dejar de lado muchos intereses personales o de gremios y grupos.

De frente a los grandes retos que, como Nación nos corresponde asumir, como familia que somos, fijemos nuestra mirada en quienes más necesitan de nuestra solidaridad y cercanía. Tal y como nos lo ha dicho el Santo Padre en su mensaje de Año Nuevo: “ Es necesario un gran acto de libertad cristiana para tener el coraje de proclamar que urge defender a los pobres y no defenderse de los pobres… es preciso servir a los débiles y no servirse de los débiles”.

Les reitero mi deseo de paz, prosperidad y esperanza en este 2015 y ruego al Señor, cuyo nacimiento hemos celebrado, enrumbe nuestros pasos por el camino de la unión y la fraternidad.

Que reine el Señor, fuente misma del amor, en el corazón de todos.

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana