Año de la Vida Consagrada


Año de la Vida Consagrada

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Ya en el marco del tiempo de Adviento inauguramos el “Año de la Vida Consagrada” con el que damos gracias al Señor por los distintos carismas que ha distribuido en su Iglesia. Como lo manifestó el Cardenal Joao Braz de Aviz, prefecto de Vida Consagrada, este Año está pensado en el contexto de los 50 años del Concilio Vaticano II y, en particular de la publicación del decreto conciliar “Perfectae caritatis” sobre la renovación de la vida consagrada: “Efectivamente porque reconocemos en estos 50 años que nos separan del Concilio un tiempo de gracia para la vida consagrada, en cuanto marcados por la presencia del Espíritu Santo que nos lleva a vivir también las debilidades e infidelidades como experiencia de la misericordia y del amor de Dios, queremos que este año sea una ocasión para recordar “con memoria grata” este pasado reciente. Este es el primer objetivo del Año de la Vida Consagrada”

La invitación es clara para que en este año, los consagrados y consagradas dejándose guiar por la acción del Espíritu Santo, sigan dando paso a la renovación y fortalecimiento de sus vidas, donde también, la escucha de la Palabra, que por su acción eficaz lo cambia todo, ocupe un lugar privilegiado.

Al respecto afirma el Papa Francisco, “La tristeza y el miedo deben dejar paso a la alegría: Festejen… gocen… alégrense, dice el Profeta (Is. 66,10). Es una gran invitación a la alegría. Todo cristiano, sobre todo nosotros, estamos llamados a ser portadores de este mensaje de esperanza que da serenidad y alegría: la consolación de Dios, su ternura para con todos”. Con claridad, el Santo Padre nos enseña, que son la potencia y santidad de Dios, las que llevan adelante su plan de rescate y salvación. Esta es la gran noticia que estamos llamados a compartir y transmitir al mundo de hoy, y sin duda, los consagrados y consagradas, de manera especial, han de ser en el mundo esa luz de alegría y esperanza propias de quienes se saben depositarios de este tesoro de la fe. 

Ante un mundo en abierta confrontación con la fe y ciegamente entregado al materialismo y hedonismo, los consagrados y consagradas irrumpen con su radicalismo en el seguimiento cercano de Jesús, para mostrar la alegría que brota de un corazón que se siente libre por haber elegido los valores supremos del Reino pues, tal como el Papa destaca: “la belleza de la consagración: es la alegría… La alegría de llevar a todos la consolación de Dios. “No hay santidad en la tristeza, no estén tristes como quienes no tienen esperanza, decía San Pablo. (ITes. 4, 13)”

Pido a todo el Pueblo de Dios su oración constante por todos los consagrados y consagradas, para que dejándose guiar por la acción del Espíritu renueven su opción por Cristo, y testimonien con plena convicción que vale la pena entregarlo todo por el Señor, para que, en la alegría propia de quien está lleno del Espíritu, repitan una y otra vez con María nuestra Madre “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc. 1, 46b-47). 

Doy gracias al Señor por la presencia de tantos consagrados y consagradas en la Arquidiócesis los cuales, con su entrega a la labor educativa, caritativa, en la vida contemplativa, en la vida pastoral, junto a pobres, migrantes, disminuidos y en otras tantas áreas de servicio, son testimonio de fidelidad al Evangelio.

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana