Por la dignidad de la mujer


Por la dignidad de la mujer

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

“La dignidad de la mujer y su vocación, objeto constante de reflexión humana y cristiana, ha asumido en estos últimos años una importancia muy particular.” Estas son las palabras con que San Juan Pablo II, inicia la Carta Apostólica “Sobre la dignidad de la Mujer”.

Como Iglesia estamos llamados desde la fe y el Magisterio a luchar porque se transparente el fundamento auténtico de la dignidad de la mujer. Como hija de Dios, igual que el varón, la mujer pertenece al Pueblo Santo destinado a la vida eterna, y por tanto llamados ambos a ser fieles testigos del Señor conforme a la vocación recibida. Con base en ello, es que encontramos múltiples manifestaciones magisteriales, que exaltan la dignidad de la mujer en la Iglesia y en la sociedad. 

Entre ellas está, lo manifestado en el Mensaje final del Concilio Vaticano II, “Llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga”.

Vemos que en el ámbito de esta iluminación no cabe el machismo que se vive en muchos de nuestros ambientes, donde la mujer no cuenta para nada. Así lo advertía el Papa emérito Benedicto XVI en la apertura de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, (Aparecida, 2007): "la persistencia de una mentalidad machista que todavía ignora la novedad del cristianismo, que reconoce y proclama la misma dignidad y responsabilidad de la mujer con respecto al hombre". Este es un mal que debe erradicarse, a fin de que no nos veamos expuestos al aumento de los males que hoy se tienen.

Hombres y mujeres hijos de Dios, con igual dignidad sin superioridad alguna y mucho menos dominio. 

Sin embargo, nos encontramos con que hay corrientes ideológicas y colectivos, que sienten a la Iglesia como enemiga, por lo que han ejecutado hechos dolorosos que no pueden dejar de sorprendernos por lo grotescos que son, tanto es así que ni siquiera merecen ser mencionados. Pero, sí destaco el hecho de las protestas en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, en las que un colectivo, en oposición al viaje del Papa Francisco al Parlamento Europeo el próximo 25 de noviembre, realizó actos obscenos a la vez que coreaba proclamas contra la Iglesia. 

Llama la atención que tantos otros ámbitos en los que realmente se violenta, ofende o discrimina a la mujer no reciben críticas, burlas o arremetidas por parte de estos sectores. En Costa Rica, por ejemplo, no vemos reacciones contra la explotación de la mujer en la publicidad o en la industria del consumo y de la diversión, pero sí, se hace costumbre un ataque frontal a la Iglesia por cualquier alusión a la mujer en el tema del matrimonio y la maternidad.

Hombres y mujeres no son enemigos. Por la necesaria promoción de la mujer, eliminemos todo lenguaje de odio y confrontación, pues, como afirmaba San Juan Pablo II: “La mujer no puede encontrarse a sí misma si no es dando amor a los demás.”

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana