Ante todo el amor


Ante todo el amor...

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

La noticia no pasó inadvertida: “21 niños y jóvenes menores de edad se quitaron la vida en los últimos cinco años tras ser víctimas de bullying en escuelas y colegios.” La información, emanada del Congreso Médico Nacional, evidencia, además, el drama que viven a diario niños y adolescentes que por alguna discapacidad, por etnia u obesidad, entre otros aspectos, sufren la intolerancia o matonismo de sus compañeros, llevándolos a la depresión, las fobias, el abandono de estudios y hasta el intento de suicidio que, como vemos, en algunos casos se consuma.

El “bullying” o acoso como comportamiento no es nuevo y, en buena hora, que se denuncie y elimine ese maltrato. Como sociedad, no podemos permanecer indiferentes, sabiendo que niños y jóvenes sufren a diario presión, son víctimas del “vacío” que los deja fuera del círculo de amistades, reciben amenazas, insultos, sobrenombres y burlas, cuando no agresiones físicas y psicológicas; sin dejar de lado el “bullying cibernético” que toma fuerza por la incidencia de las redes sociales.

Este es un tema que concierne, en primera instancia, a la familia pues es en esa escuela de la vida donde se cimenta la persona y se educa en valores propios de la convivencia en paz y en libertad. Otro tanto tendríamos que decir de la escuela y colegio como ambiente formativo idóneo para la prevención y atención de estas conductas.

Quiero, sin embargo, llamar la atención porque como Iglesia, familia del Señor, este es un tema al que debemos dar respuesta. 

Efectivamente, tenemos a nuestro haber la riqueza del Evangelio de Cristo que ha puesto el amor a Dios y al prójimo como fundamentos de la vida de fe. Desde esta perspectiva, no podemos cansarnos de enseñar una ética de la convivencia que promueva el amor al prójimo. Decía San Alberto Hurtado, santo chileno: … “Separar el prójimo de Cristo es separar la luz de la luz. El que ama a Cristo está obligado a amar al prójimo con todo su corazón, con toda su mente, con todas sus fuerzas. En Cristo todos somos uno… Que se acaben en la familia cristiana los odios, prejuicios y luchas, y que suceda un inmenso amor fundado en la gran virtud de la justicia… ¡Sí, el cristianismo es la religión del amor!”

En un conmovedor mensaje a los niños y jóvenes, el Papa Francisco señalaba: “Para ser magnánimos con libertad interior y espíritu de servicio se requiere la formación espiritual.” Como Iglesia, tenemos espacios privilegiados para inculcar que el amor será siempre la esencia y la meta de esa formación espiritual, que amar al prójimo como a mí mismo, es tratarlo como a mí me gustaría que me trataran.

Amar al prójimo es preocuparme por los que están en situación de desventaja, por aquellos que necesitan apoyo y comprensión… amar es acompañar y escuchar, nunca ignorar, marginar, o menospreciar al otro, que es mi hermano.

Este reto nos obliga a replantear, desde nuestra catequesis hasta los distintos espacios de atención a la juventud y a la familia, contenidos y experiencias que fortalezcan los valores religiosos y evitar el crecimiento de ese nefasto círculo de violencia entre los niños y adolescentes.

Fundamentados en el auténtico amor a Dios y al prójimo, hagamos efectivo un NO rotundo al “bullying”.

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana