Trabajo y promoción de la juventud


Trabajo y promoción de la juventud

Monseñor José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Hace algunos meses, durante el encuentro con las asociaciones deportivas italianas, el papa Francisco indicó que hay tres vías necesarias para los jóvenes: "educación, deporte, y un puesto de trabajo” y subrayaba… "Si existen estos tres caminos para los jóvenes… no se cae en las drogas o el alcohol, ni en otros vicios".

En otra reciente alocución, con la sencillez que lo identifica, al dar algunos consejos para encontrar la felicidad, proponía ayudar a los jóvenes a conseguir un empleo digno: "Hay que ser creativos con esta franja. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo... No alcanza con darles de comer: hay que inventarles cursos de un año de plomero, electricista, costurero. La dignidad te la da el llevar el pan a casa".

En los últimos días, algunos medios de comunicación recalcaron cómo gran cantidad de profesionales jóvenes en Costa Rica, a pesar de haber invertido su tiempo y recursos en una carrera universitaria, experimentan la frustración al no encontrar un empleo conforme a lo estudiado. 

Junto a lo antes señalado, nos encontramos con el problema de la exclusión educativa y por tanto cultural. El XVII Informe Estado de la Nación (pág. 43) señala que casi 141.000 personas entre los 12 y los 24 años no estudian ni trabajan, no solamente porque no quieran estudiar, sino además porque no tienen las oportunidades para hacerlo, por lo que esta exclusión se convierte en una viva expresión de un sistema educativo deficitario. Esta situación, como Iglesia la calificamos como un verdadero desafío pastoral.

Igualmente, si el Estado no resuelve la carencia de oportunidades educativas y laborales para gran parte de la población juvenil, muchos de estos jóvenes se verán sumidos en una situación de marginación, ya no solo educativa sino social, pues si nuestra sociedad privilegia el conocimiento, y con ella la educación, como uno de sus pilares fundamentales, quien no ingresa al sistema educativo, se priva de las posibilidades de alcanzar, no solo un nivel educativo aceptable, sino también un puesto de empleo digno y un trabajo decente, en perspectiva de “futuro”.

Tristemente, esta situación niega a quienes son excluidos del sistema educativo la posibilidad de vislumbrar un mejor futuro y les sume en un “determinismo” de riesgo social.

Ante esta realidad no somos indiferentes, por lo que como Iglesia nos preguntamos ¿Damos alguna respuesta, o al menos, colaboramos en la búsqueda de soluciones? Sin duda, lo estamos haciendo, tema que abordaré en la próxima columna.

Invito a los agentes de pastoral social a contemplar la promoción de la juventud, en todos sus ámbitos, como uno de los pilares fundamentales de su apostolado.

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana