Mes de la Biblia: Sétimo Encuentro


Sétimo Encuentro 
Anuncio de la Palabra de Dios y los pobres

¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! (Lc 6, 20)

“Mucho se habla de los pobres entre nosotros, pue los tenemos en Costa Rica, en nuestro barrio o comunidad, es decir a nuestro alrededor. A lo mejor nuestra familia es pobre y conocemos personas que están pasando mayor necesidad o que incluso viven en extrema pobreza. Siempre habrá personas de alguna manera más pobres que nosotros.”

“San Lucas nos presenta cuatro bienaventuranzas; en cabio, san Mateo, nos presenta ocho (véase Mt 5, 1-12) y son las siguientes: la pobreza, el hambre, el llanto y la persecución. En contraposición a cuatro “malaventuranzas”, introducidas por Jesús al estilo de los profetas; los que tienen su propio consuelo, los saciados, los que ahora ríen y los que son alabados. Ahora bien, Jesús no alaba estas diversas situaciones de pobreza o de injusticia, que evidentemente son anómalas y contrarias a los planes de Dios, ni tampoco a aquellos que las sufren, sino que enseña la llegada del Reino de Dios, en el cual todas estas situaciones deben desaparecer, pues su reinado es de la justicia y el tiempo o el año de la gracia del Señor (véase Lc 4,19): todo un proyecto de salvación que ha comenzado con la llegada del Salvador a este mundo (véase Lc 4, 16-18).”

“Así que, el primer interesado en que no existan estas situaciones, es el mismo Dios, que quiere que los pobres y hambrientos sean saciados, es decir, que no sufran estas carencias, ni marginaciones ni miserias de ninguna clase. Esto supone una lucha por conseguirlo, poco a poco, desde nuestra colaboración con el proyecto de Dios, de un nuevo orden de cosas y en donde su Palabra tiene un papel fundamental, como veremos”.

“Jesús advierte, por otra parte, a aquellos que sostienen un orden injusto y contrario a su querer (en sus labios suena como una especie de lamentación), contra quienes acaparan los bienes que, por derecho, le pertenecen a todos y que, como bien sabemos, traen dolor, pobreza, hambre, tristeza y lágrimas a los pobres.”

“Las bienaventuranzas nos ofrecen la imagen de un Dios que ha decidido ponerse de parte de los pequeños y de los humildes. Por lo mismo, los pobres son felices porque Dios está de su parte, se hace su protector y defensor. A Él pueden acudir en toda circunstancia; para ellos se abre una esperanza.”

“Dios, en cuanto rey tiene el deber de actuar con su justicia para ventaja de los pobres, los pequeños, los débiles… El pobre, por su parte está llamado a poner su confianza en Dios, quien se inclina hacia éste, hacia el que está encorvado. Pero ¿sólo los pobres pueden tener esperanza? No. El Evangelio es una última llamada para que todos comprendan y se conviertan al proyecto de Dios, quien no quiere que nadie perezca, ni siquiera el mayor pecador.”

“Tanto el texto bíblico, como la enseñanza de la Iglesia… nos invitan a tratar de hacer algo, para que ayudemos a los pobres a superarse, a salir de la situación en que viven, a trabajar por ellos. Por eso,… busquemos cómo asumir el compromiso ante Dios, ante Jesús y ante los hermanos, de hacer posible el Reino del amor y de la justicia, mediante acciones muy concretas,…”.

“Además, hemos de llevar el gozo y la alegría a los que están deprimidos y trabajar para que los pobres no sean tan pobres (en lo económico, educativo, salud, derechos humanos, en la vida espiritual, entre otros). 

Extractado de:
Centro Nacional de Catequesis. Anunciar la Palabra de Dios al Mundo, XXI Mes de la Biblia setiembre 2014. San José (CR), CENACAT, 2014. Pág. 73-80.