La Iglesia, servidora de los pobres


En los últimos días, algún sector de la prensa nacional, bajo el pretexto del Proyecto de ley sobre libertad religiosa, han martillado de nuevo el tema de las asignaciones del Estado a la Iglesia Católica, sin indicar que en su mayoría, son para el mantenimiento de los templos declarados “Patrimonio Nacional” por el Ministerio de Cultura y en favor de la educación de miles de niños y jóvenes en Costa Rica. 

Contrariamente a la oscura imagen mediática de la Iglesia que se quiere proyectar, el pueblo humilde y sencillo reconoce la innegable presencia social de la Iglesia a través de las parroquias, congregaciones religiosas, asociaciones y otras instancias dedicadas al servicio de los hermanos más pobres y marginados.

Nunca nos hemos quedado en el discurso, al contrario, hemos hecho presencia donde, ni los medios ni los políticos han aparecido para dar esperanza y apoyo. Sin instrumentalizar a la gente, la Iglesia en Costa Rica se empeña, a la luz de los valores evangélicos, en la promoción humana.

A manera de ejemplo, en la década de los 80 con la reestructuración del sector agropecuario y del CNP, los productores de la zona rural de Aserrí, al igual que la mayoría de los campesinos del país, se vieron afectados negativamente, ya que el CNP dejó de recibir las cosechas de frijol y otros granos básicos, lo que provocó un detrimento del mercado para sus productos y de la situación socioeconómica de la zona. 

Con la visita pastoral de Mons. Hugo Barrantes a la Parroquia San Juan Evangelista de la Legua de Aserrí en el año 2004 y contando con el apoyo de la Vicaría Episcopal de Pastoral Social (VEPS), esta comunidad inició un proceso de diálogo social, en donde diversos actores comunales y cantonales pertenecientes a organizaciones e instituciones, comenzaron un camino de trabajo conjunto para impulsar estrategias de desarrollo en el distrito de La Legua. 

Dentro de estas estrategias, se planteó la organización de los productores de frijol de las comunidades de Parritilla, Bijagual El Alto y Bijagual La Laguna, naciendo así el 12 de octubre del 2006 la Asociación de Productores de Frijol y Otras Actividades de Desarrollo de Bijagual de Aserrí (ASPROFRIJOL). Actualmente la asociación tiene 174 socios pertenecientes a 90 familias de las mencionadas comunidades y ha ampliado su área de influencia a comunidades vecinas tales como La Legua, El Carmen de Parrita, Parritón de Acosta, San Francisco y Santa Juana de León Cortés. 

También desde el año 2006 y de forma paralela a la conformación de la asociación, la VEPS inició un proceso anual de comercialización solidaria de frijol por medio de las parroquias, logrando, gracias a la ayuda de las mismas, apoyar la venta de una buena cantidad de producto a un precio justo para el productor y el comprador. A este esfuerzo se unieron de forma especial el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) quienes han brindado asesoría técnica y recursos económicos para impulsar la producción del frijol y estimular actividades alternativas entre ellas la apicultura, el café y la actividad ganadera. 

En el año 2011 y como parte de este proceso de apoyo interinstitucional motivado por el diálogo social, se inauguró un centro de acopio completamente equipado para la limpieza, secado y empaque de frijol, se adquirió un camión para la comercialización de productos y la asociación cuenta con un capital para créditos solidarios a los productores. La inversión total desde el presupuesto del IMAS fue de 161 millones de colones. 

Hoy, la asociación cuenta con empaques propios, marca y permisos sanitarios para los productos. También posee facturación formal. Además participa en redes organizadas y ferias de productores solidarios. 

Contando ya con estas condiciones favorables y buscando vencer las dificultades de distancia y riesgo de los caminos, la asociación tiene el reto de ir más allá en la comercialización de sus productos tanto por medio de mercados alternativos (como las parroquias) como por el mercado convencional (a pesar de las dificultades que genera la importación de grano extranjero por parte de los grandes comercializadores y la falta de políticas gubernamentales para el sector frijolero). 

El frijol es cultivado en los terrenos propios o alquilados de los que disponen las familias campesinas. Luego de la cosecha, el frijol es acopiado por la asociación quien se encarga de su limpieza, nivel de secado, empaque y comercialización. Parte del valor de lo entregado por el productor, la asociación lo cancela de inmediato y el resto conforme avanza la comercialización. 

El frijol de la zona es de excelente calidad, de rápida cocción y producido bajo la técnica de tapado. Un reto para la asociación de productores es ir hacia una producción completamente orgánica, pero esto representa la adquisición de tecnologías para la cura, que ya se están estudiando mediante la vinculación con entidades académicas de investigación. 

Este proyecto, como muchos otros, han crecido al alero de una Iglesia que quiere, maternalmente, acompañar a sus hijos en las necesidades y aspiraciones que guardan. "Obras son amores y no buenas razones". Toda esta acción nace del amor efectivo al prójimo, que no se cuantifica en colones.

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana