El matrimonio ... siempre actual


En su perfil de Facebook, CNN en español formulaba esta pregunta: ¿Crees que el matrimonio está pasado de moda? Y, aunque no se clarifica si se refería al sacramento o a la unión civil, lo cierto es que el argumento estaba acompañado por este comentario del editor: “Las relaciones de pareja ya cambiaron. En Estados Unidos actualmente hay más personas que no tienen planes de casarse…”

Evidentemente, las repuestas fueron muchas y variadas… pero, me llamó positivamente la atención, que la inmensa mayoría defendía la institución matrimonial y alguno, con discernimiento más cristiano sostenía que “El matrimonio no es cuestión de moda, el matrimonio es una vocación y la vocación representa compromiso.”

Hoy, bajo el alero del pluralismo y la tolerancia, se propaga el criterio y aplaude la práctica de “ser pareja sin casarse” presentando, paralelamente, el matrimonio como un “artificio legal” o una “invención de la Iglesia” para redefinir esencialmente esta institución religiosa y jurídica prevista, exclusivamente, para unir a un hombre y a una mujer. 

Sin entrar a hacer un juicio moral respecto a la realidad de muchas parejas que viven en uniones libres o casadas civilmente, nuestra condición cristiana nos exige expresar nuestras convicciones, exponiendo de modo claro y categórico nuestra visión y, en consecuencia, nuestra fundamentada objeción a que se coloque al sacramento en un plano de igualdad con otros vínculos.

Al respecto, nos enseña el Papa Francisco: “La santidad y la indisolubilidad del matrimonio cristiano, que con frecuencia se desintegra bajo la tremenda presión del mundo secular, debe ser profundizada por una clara doctrina y apoyada por el testimonio de parejas casadas comprometidas”.

Enfatizo, entre otros, tres aspectos claves en esta enseñanza: Primero, la indisolubilidad expresa la naturaleza misma del auténtico amor y conduce a los conyugues a un camino de perfección en respuesta a una vocación o llamado de Dios. Los esposos, cuanto más unidos estén, mejor expresan la presencia de Jesús en sus vidas.

Segundo, es el momento de tener como referente, el valioso testimonio de tantos esposos que, en fidelidad a su compromiso, dan prueba de la gracia que el Señor ha prodigado en su vida matrimonial y que, con su experiencia, se convierten en el mejor contrapeso a esa visión tan negativa del compromiso matrimonial.

También, afirma el Papa, “el matrimonio cristiano es una alianza de amor para toda la vida entre un hombre y una mujer que implica sacrificios reales para alejarse de las nociones ilusorias de la libertad sexual y fomentar la fidelidad conyugal”. 

Ya enseñaba San Juan Pablo II: “Queridos esposos: todo camino de santificación es difícil, y el vuestro también lo es. Cada día afrontando dificultades y pruebas para ser fieles a vuestra vocación, para cultivar la armonía conyugal y familiar, para cumplir con vuestra misión de padres, y para participar en la vida de la sociedad en el mundo… La vida matrimonial y familiar pueden atravesar a veces momentos de desconcierto...y la tentación del desaliento. También en estas situaciones se puede dar un gran testimonio de fidelidad en el amor, que llega a ser más significativo todavía cuando llega la purificación en el crisol del dolor”.

Unámonos en oración para que, en este mes de la familia, todos los matrimonios sean fortalecidos para mantenerse fieles a los compromisos mutuamente adquiridos ante Dios y renueven en ellos la gracia de este sacramento.

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana