Episcopado, un servicio no un honor ...



En Ciudad Quesada, el pasado 17 de mayo, tuve la inmensa bendición del Señor, de ser el consagrante principal en la ordenación episcopal de Mons. José Manuel Garita Herrera. Como Iglesia, damos gracias al Señor por el ministerio que le ha encomendado y le pedimos que le acompañe siempre con su gracia para que, con fidelidad, prudencia y bondad sepa guiar el rebaño a él confiado.

Este acontecimiento me impulsa a compartir con ustedes algunos pensamientos en torno a la figura del Obispo y, para estos efectos, asumiré como referencia las constantes enseñanzas del Papa Francisco en torno a este tema pues, como él bien lo indica: “el episcopado es el nombre de un servicio, no de un honor.”

Efectivamente, el Señor sin mérito alguno de nuestra parte y exclusivamente por su providencia amorosa, nos ha elegido para ser portadores de la luz de la fe, tesoro que llevamos en vasijas de barro. (2 Cor 4,7) 

También, insiste el santo Padre: “Al final un obispo no es obispo para sí mismo, es para el pueblo… al servicio de, para hacer crecer, para pastorear al pueblo…” 

El Buen Pastor, imagen sobre la cual meditamos el pasado IV domingo de Pascua, es el ejemplo y guía de todo pastor: "Yo soy el buen pastor. Conozco mis ovejas y ellas me conocen. Por ellas doy mi vida" (Jn 10, 14.15). Los obispos, pues, somos enviados a pastorear las ovejas del Señor, se impone como exigencia conocerlas, llamarlas por su nombre, acompañarlas en su caminar, buscar a la oveja perdida y congregar a las dispersas, sanar a la herida y, sin reservas, dar la vida por ellas. De hecho, no está demás responder a esta inquietante pregunta de Francisco: ¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros Presbíteros sea más pastoral que administrativo? ¿Quién es el principal beneficiario de la labor eclesial, la Iglesia como organización o el Pueblo de Dios en su totalidad?” 

El Papa, en su Discurso al Comité de coordinación del Celam, en Brasil, el año pasado, nos cuestionaba seriamente con esta interrogante: ¿Quien conduce la pastoral? Y él mismo concluye: “es el Obispo”, pero, seguidamente explica: “ El Obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear... Los Obispos han de ser Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan "psicología de príncipes". Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo también tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.”

Que estas instrucciones del Papa Francisco modelen el corazón de nosotros obispos, a quienes Pablo recomienda: "Predica la palabra, insiste oportuna e importunamente, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y empeño de instruir. Sé prudente en todo, paciente en los sufrimientos, cumple la misión de predicador del Evangelio, conságrate a tu ministerio". (2 Tim 4,2.5)

Fuente:
Oficina de Comunicación, Curia Metropolitana