Reflexión Dominical (2018-04-15): El Mesías tenía que padecer y resucitar


LA PALABRA DE DIOS
Evangelio de san san Juan 20, 19-31

EL MESÍAS TENÍA QUE PADECER Y RESUCITAR

Desde el día de su resurrección Jesús había renacido a la vida glo-riosa, pero quiso encontrar a sus discípulos en varias oportunidades para convencerles de que su nueva condición no era una vida fan-tasmal, sino la entrada definitiva a la plenitud de la vida.

El relato de hoy es la continuación del encuentro de los dos discípulos con Cristo en el camino de Emaús. La experiencia de Cristo resucitado no se pudo contener y fueron de prisa a contarle a los Once todo lo ocurrido. Es Cristo quien les abre la inteligencia a los apóstoles para que puedan comprender las Escrituras. Esta es la gran revelación del Nuevo Testamento: la resurrección de Cristo da un sentido nuevo y definitivo a las Escrituras.

La lectura también nos da la prueba física de la resurrección. Jesús se da a conocer de un modo real: muestra sus llagas y come con los apóstoles. ¡No es un fantasma! Cuando Lucas escribió su evangelio, una herejía sostenía que Jesús no había tenido un cuerpo humano, ni había sufrido dolores.

El relato Lucano no deje duda alguna: ¡Cristo resucitado es real! Dios, en Cristo, ha dado inicio a la nueva creación, ha tomado un cuerpo humano y lo ha transformado en un nuevo cuerpo espiritual pero que está en continuidad con el primero.

La lectura de hoy nos presenta tres ideas importantes:
  • Hemos sido enviados por Jesús a continuar su misión. 
  • Cristo está tan presente hoy en la Eucaristía como lo estuvo con los discípulos de Emaús. 
  • Todos estamos llamados a ser testigos de la resurrección.

Fuente: 
Arquidiócesis de Miami - Reflexiones Católicas sobre la Biblia