Reflexión Dominical (2017-07-16): El sembrador salió a sembrar


LA PALABRA DE DIOS
Evangelio de san Mateo 13, 1-23

EL SEMBRADOR SALIÓ A SEMBRAR

¿Qué tienen que ver con mi vida estas semillas? Todo. En ellas está nuestra realización personal, y la verdadera autenticidad como cristianos. Las semillas son la palabra de Dios, lo dijo Cristo; pero no sólo son la palabra de Dios sino cualquier regalo que nos hace. Lo interesante es qué hacemos con estas semillas.

Las primeras caen al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Esto es cuando al escuchar la palabra de Dios – que nos puede hablar de muchas maneras, por el sacerdote que nos da la homilía en la Santa misa, por un amigo que nos ayuda, por una situación que estamos pasando, por nuestros padres, etc. – le hacemos caso más bien a esas otras muchas voces ajenas al querer de Dios. Cuando preferimos hacer “oídos sordos” y escuchar a los medios que nos enseñan que sólo conseguimos la madurez y la felicidad abandonando nuestros principios.

Las siguientes caen en terreno pedregoso. Oyes los consejos y quieres ponerlos en práctica. En tu interior ves brotar los primeros retoños de una primavera prometedora, pero el viento sopla muy fuerte. En un inicio las otras voces que te quieren alejar de Dios parecen brisas que se apagan, pero luego se levantan tornados. Tu tierra no era profunda. Viste entonces cómo las flores que se prometían nunca se abrieron, o se consumieron por el miedo a mostrar la belleza de lo que habían recibido.

Otras cayeron entre zarzas. ¿Cuáles son las zarzas en nuestra vida? Son todas aquellas seducciones que nos tiende el mundo: el dinero, las vanidades, los lujos, las comodidades superfluas, etc. La semilla es recibida por la tierra. Es una buena tierra, es una buena persona. El problema llega cuando chocan la palabra de Dios que hemos recibido y esto que se pone al alcance de la mano para proporcionarnos “felicidad” fácil y efímera. Hay que tener la valentía de escoger la felicidad verdadera porque sólo esta existe para iluminar la conciencia y llenarla de vida.

Las últimas caen en tierra buena. Tierra buena es esa que ha sido abonada y preparada con antelación para que sea fértil. ¡Debemos ser tierra buena para la semilla del amor! Amor de Dios que se nos muestra en nuestros amigos, en nuestra familia. Estos son los cristianos en los que ha fructifica-do la palabra de Dios. Han recibido la simiente y ha dado raíces. Las raíces ayudan a que la planta pueda dar dos grandes dones a quienes lo rodean: La flor, que es la alegría de sentirse regalado por Dios, es el amor a Dios. El fruto, que no es otra cosa sino la manifestación de ese amor en quienes nos rodean. El Cristiano autentico es el que lo demuestra en sus obras.

Fuente: Catholic.net. Evangelio meditado para el Tiempo Ordinario