Reflexión Dominical (2017-07-09): Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón


LA PALABRA DE DIOS
Evangelio de san Mateo 10, 26-33

APRENDAN DE MÍ, QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

Cuántas veces nos sentimos indignos frente a los retos de nuestra vida, u oprimidos por personas y sociedades malvadas. Y cuántas lo somos nosotros por nuestro comportamiento injusto, por inercia, por hábito o por una incontrolada pasión.

Junto a Cristo nos damos cuenta de que lo recibimos todo como un don; que no merecemos nada, que no podemos pretender nada. Y que, sin embargo, se nos ha dado mucho, muchísimo, y que cual-quier cosa es una ocasión para amar. El Señor nos transmite la ale-gría y la sencillez de esta convicción.

San Juan nos enseña: “Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios… Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn 4, 7a-8). Nos sentimos impulsados a dar, por el mismo hecho de haber recibido; a soportarlo todo sonriendo con manse-dumbre y humildad para difundir en derredor este amor. No descon-fiemos de nuestro trabajo, por nuestras limitaciones y la dureza de quien nos rodea: Dios es omnipotente y fiel, y todo hombre, por su parte, es capaz de Dios.

Oh, Señor, gracias por existir. Gracias por ser tú quien eres. Gracias por tu gloria inmensa, por tu hermosura soberana, por tu inmenso amor. Realmente no acabo de entender por qué me amas. No me explico cómo pudiste hacer tanto por mí, por nosotros. No existía-mos y nos creaste, nos olvidamos que existías y te revelaste, peca-mos y nos redimiste. Éramos infelices, y te hiciste, Dios, como uno de nosotros.

Ahora que me descubriste tu vida, que me acogiste en tu corazón, no me permitas defraudarte. No permitas que vuelva a pecar, no permitas nunca más que me olvide ni un instante de mirar, de agra-decer y de servir. Tú eres mi vida, Señor. Amén

Fuente: Catholic.net - Evangelio meditado